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Akutagawa Ryūnosuke y la literatura infantil (1)

Cualquiera que tenga cierto interés por la literatura japonesa con seguridad habrá leído algo de Akutagawa Ryūnosuke (1892-1927). En esta ocasión hablaremos de algunos textos no tan conocidos: los cuentos que escribió teniendo en mente a un público infantil. Los revisaremos en orden cronológico.

Akutagawa Ryūnosuke (1892‐1927)

Akutagawa Ryūnosuke (1892‐1927)

Akutagawa escribió una decena de cuentos infantiles entre 1918 y 1923. La mitad los publicó en la revista Akai tori (Ave roja), especializada en cuentos y canciones para niños. El primero de ellos apareció en la edición de julio de 1918 y, de entre todos los que mencionaremos, es el más famoso; se trata de “Kumo no ito” (“El hilo de la araña”). Existen por lo menos cuatro traducciones al español. La trama la tomó de un cuento del filósofo y escritor Paul Carus, que lleva casi el mismo título: “The Spider-Web” (1905). Tiene por temas la retribución, el castigo y el egoísmo.
En “El hilo de la araña”, Buda observaba a los condenados en el fondo del infierno desde un estanque del paraíso. Fijó su atención en uno de ellos, un criminal llamado Kandata, quien hizo una buena acción entre todas las maldades que cometió: en lo profundo del bosque vio una araña, iba a pisarla pero pensó que aunque pequeña, era un ser vivo, y que no tenía ningún sentido quitarle la vida. Al recordar esta buena acción de Kandata, Buda se compadeció de él. Tomó el hilo plateado de una araña del paraíso y lo hizo descender en el estanque hasta alcanzar el fondo del infierno. Cuando lo vio sobre su cabeza, Kandata se asió del hilo y comenzó a subir. Ya muy arriba, pero aún lejos del paraíso, vio a un sinnúmero de condenados que venían subiendo tras él. Temeroso de que se rompiera el hilo, les gritó que bajaran, que el hilo era sólo para él. En ese momento, el hilo se rompió justo desde donde se sujetaba Kandata.

El segundo cuento se intitula “Inu to fue” (“Los perros y la flauta”), fue publicado en enero de 1919, en Akai tori. Hasta donde sé, no hay ninguna traducción al español. Es una hermosa historia de aventuras, en el más clásico sentido. Un joven leñador llamado Kaminagahiko (“chico de largos cabellos”), de aspecto desaliñado, era muy diestro para tocar la flauta. Cuando la tocaba en medio del bosque, animales y aves, e incluso plantas y árboles, lo escuchaban arrobados. En compensación por deleitarlos con su música, tres dioses hermanos (uno que tenía una sola pierna, uno solo un brazo y uno solo un ojo) le dieron tres perros mágicos: “Huele”, que podía oler cualquier cosa, a cualquier distancia que se encontrara; “Vuela”, que podía volar cualquier distancia llevando en sus espaldas a cualquier número de personas; y “Muerde”, que podía matar a cualquier enemigo, por grande que fuera, de un sólo mordisco. Los tres perros lo seguirían y acompañarían a cualquier parte, siempre y cuando tocara su flauta.
Días después, Kaminagahiko se encontró con dos jóvenes samuráis; estaban buscando a las dos hijas del Gran Señor de Asuka, por quienes el Señor ofrecía una enorme recompensa. Una vez que se separaron hizo uso de las habilidades de sus tres perros, logró derrotar a los secuestradores, los monstruos Shokishinjin y Araña de tierra, y rescatar a las dos chicas.
Cuando iba volando hacia el palacio del Gran Señor de Asuka, Kaminagahiko vio a los dos samuráis. Les contó lo que había hecho y ellos, envidiosos de su éxito, lo engañaron y le quitaron la flauta y se llevaron a las chicas y a los perros. En auxilio del héroe llegaron los espíritus de las montañas donde habían habitado los dos monstruos: Las princesas Koma y Kasa. Ellas le devolvieron su flauta y lo vistieron como a un gran general. Llamó a sus perros y se presentó en palacio. Kaminagahiko denunció a los farsantes y, reforzado con el testimonio de las hijas, la verdad quedó expuesta. Los samuráis salieron perseguidos por los perros y Kaminagahiko desposó a una de las hijas del Gran Señor de Asuka.

El tercer cuento se llama “Mikan” (“Mandarinas”); apareció en mayo de 1919 de la revista literaria Shinchō (Nuevas corrientes), una de las cinco grandes revistas literarias japonesas. Existe por lo menos una traducción publicada en español.
Un viajero estaba sentado en un vagón de segunda clase en la línea Yokosuka. En cuanto el tren partió, una chica de unos trece años entró y tomó el asiento de enfrente. Debido a su aspecto humilde, el narrador siente desagrado por la joven; se siente ofendido de que ella portara un boleto de tercera clase y se hubiera metido en la segunda. Él trataba de leer el periódico para olvidar la presencia de la chica, pero todas las noticas le parecían vulgares reflejos de la realidad e inevitablemente volvía la vista a la “vulgar realidad” que tenía enfrente.
El narrador terminó por sentir franca animadversión cuando la chica abrió la ventana justo al entrar a un túnel, con lo que el carro se llenó de humo. Al salir del túnel, la chica miraba ansiosamente por la ventana; aparecieron en el fondo algunas casuchas de un pueblo y, muy cerca de las vías del tren, tres niños. Los niños agitaron sus brazos; la chica sacó la mitad del cuerpo por la ventana y gritó. Un instante después, 5 ó 6 mandarinas del color del sol cayeron sobre ellos. La belleza de la escena imprevista aturdió al narrador. Luego de comprender lo que había visto, supo que había vuelto a la vulgar realidad.

En enero de 1920, Akutagawa publicó “Majutsu” (“Magia”) nuevamente Akai tori. Este bello cuento trata temas semejantes a los de “El hilo de la araña”: retribución, castigo y egoísmo. Pero la trama es completamente distinta. El narrador visita a Matiram Misra, un amigo indio, en una noche lluviosa para presenciar actos de magia. No contaré más; invito al amable lector a que descubra esta obra en la traducción de Alejandro Morales, publicada aquí mismo, en Kappa Bunko.

“To Shishun” (“Du Zichun”) apareció en julio de 1920 en Akai tori; hay una traducción al español. Está basado en una leyenda china homónima. To Shishun era un joven que vivía en Louyang, la capital de la dinastía Tang (618-907 e.c.). Había heredado riquezas y las había dilapidado hasta quedarse en la calle. De pie junto a la puerta oeste de la ciudad pensaba en arrojarse a un río, cuando un anciano le dijo que en el sitio donde se proyectaba la sombra de su cabeza encontraría tesoros. Los desenterró por la noche y se volvió muy rico. Nuevamente derrochó el dinero: dos años después se encontró en la miseria. El anciano reapareció y le dijo que excavara donde estaba la sombra de su pecho. Ahora se volvió extremadamente rico, pero se terminó todo en tres años.
Cuando se encontró por tercera vez con el viejo, To Shishun le dijo que ya no quería más riquezas, que estaba harto de los seres humanos; lo reconoció como un sennin (“ermitaño”, aunque resulta mejor decir que se trataba de un “brujo” inmortal) y le pidió ser su aprendiz. El anciano se presentó como Tekkanshi, del monte Emei, lo hizo montar en una vara de bambú y volaron hasta la cima de la montaña.
Allá, Tekkanshi le dijo que iba a salir, que debía esperarlo sentado al borde del risco. Le advirtió que vendrían diversos demonios para hacerlo hablar, pero que debía de guardar silencio, pasara lo que pasara. Permaneció quieto ante las amenazas de un tigre y una serpiente gigantes. Un dios iracundo amenazó con matarlo; como aún permaneció quieto, lo mató. To Shishun llegó a los infiernos y no le contestaba al Rey Yama (el administrador del infierno). Los demonios lo torturaron, pero no hablaba. Yama trajo a los difuntos padres de To Shishun, que estaban convertidos en caballos pero con sus cabezas humanas. Frente a él los golpearon. Uno de los caballos habló como su madre, diciéndole que no se preocupara por ellos. To Shishun tomó su cabeza y, llorando, dijo “Madre”.
To Shishun estaba de nuevo afuera de la ciudad y frente a él, Tekkanshi. Ya no se convertiría en sennin, pero To Shishun estaba contento con poder ser una buena persona. Tekkanshi le regaló una casa, con todo y campos de cultivo.

(Sigue leyendo la segunda parte de “Akutagawa Ryūnosuke y la literatura infantil”.)

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Esta entrada fue publicada en octubre 21, 2015 por en Reseñas y etiquetada con .

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