Kappa Bunko: Literatura japonesa

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Akutagawa Ryūnosuke y la literatura infantil (2)

(Este post sigue de la primera parte de “Akutagawa Ryūnosuke y la literatura infantil”.)

Akutagawa Ryūnosuke (1892-1927)

Akutagawa Ryūnosuke (1892-1927)

“Agni no kami” (“El dios Agni”) se publicó en enero de 1921, nuevamente en Akai tori. Dos de sus motivos recuerdan al cuento “Magia”: personas que pueden realizar conjuros y hechicerías, por un lado, y el que éstas provengan de la India, por el otro. No hay traducciones al español. La historia se desarrolla en Shanghái. En ella, Endō, un joven japonés, va tras la pista de Taeko, la hija de un acaudalado chino de Hong Kong. Según la policía hongkonesa, Taeko fue secuestrada por una vieja india.
La vieja usaba a Taeko para comunicarse con el dios Agni: el dios poseía a la chica y la vieja le hacía preguntas sobre el futuro. Un comerciante estadounidense le pagó una fortuna para saber cuándo habría una guerra entre Japón y los EE.UU. La vieja se estaba preparando cuando Endō llamó a la puerta. Ella negó tener a la chica consigo; ante las amenazas del joven (quien traía una pistola), hizo que pequeñas bolas de fuego lo quemaran por todo el cuerpo, hasta que salió huyendo.
Taeko le arrojó a Endō una carta por la ventana, en la que le a proponía que la esperara afuera, que ella engañaría a la vieja: haciéndose pasar por el dios Agni, le diría que la chica debía regresar con su padre. Como la vieja temía por sobre todas las cosas al dios Agni, el plan debería funcionar.
Endō se apostó junto a la puerta. A través del picaporte apenas podía nada. Escuchó cómo el dios Agni tomó posesión de Taeko y cómo éste le decía a la vieja que debía dejar ir a la chica con su padre. La vieja se enfureció. Tomó un cuchillo y amenazó a Taeko. El dios Agni le dijo que si no lo obedecía, la mataría. Endō quiso entrar, pero la puerta no cedía. La vieja se lanzó contra la chica. Luego de gritos y mucha confusión, el joven pudo entrar; la chica estaba intacta. La vieja yacía muerta. Taeko se disculpó por no haber podido hacer su parte, pues se había quedado dormida y le agradeció a Endō por haber matado a la vieja. Él le respondió que no la había matado él, sino el dios Agni.

Akutagawa publicó “Torokko” (“Furgón”) en 1922, en la revista Taikan. La historia ocurre en 1906, cuando se remodelaron las vías entre Atami y Odawara, al oeste de Tokio. Ryōhei, de ocho años, vive en Yugawara, a mitad de camino entre ambas. Existe una traducción al español.
Ryōhei observaba todos los días la construcción de la nueva vía; deseaba ser peón cuando fuera grande para poder empujar los furgones con los que se cargaban los materiales cuesta arriba, y descender en él cuesta abajo. Un día, cuando no se veía a ningún obrero, se acercó a los furgones con su hermano y un amigo. Entre los tres empujaron un vagón cuesta arriba, subieron en él y se dejaron deslizar cuesta abajo. Lo iban a repetir, pero un peón los reprendió.
Pocos días después, Ryōhei les preguntó a dos obreros que empujaban un furgón cargado de durmientes si podía ayudarlos; le dijeron que sí y puso todo su empeño en empujar cuesta arriba. En la cima le dijeron que se subiera con ellos. Estaba feliz al sentir el descenso del furgón. Pasó un tiempo y Ryōhei comenzó a preocuparse. Los peones no parecían ir a volver pronto y se intranquilizaba cada vez más. Pararon en dos posadas; en la segunda, ya avanzada la tarde, simplemente le dijeron que ellos se alojarían ahí, que ya debía volver a su casa. Confundido, enojado y con mucha angustia, corrió de vuelta a toda prisa. Llegó a su casa cuando ya estaban encendidas las luces del pueblo; toda la desesperación que había sentido la dejó salir llorando a todo pulmón en brazos de su madre.

En abril de 1922 apareció “Sennin” en el periódico Sunday Mainichi. Existen por lo menos dos traducciones al español, en una el título quedó como “Sennin” mientras que en la otra se tradujo como “El mago”.
La historia es singular. Un joven campesino llegó a la ciudad de Osaka; se acercó a una agencia de colocación laboral y dijo que quería ponerse al servicio de alguien que le enseñara a convertirse en sennin, que trabajaría gratis por tiempo indefinido si al final podía convertirse en sennin. El encargado fue a preguntarle al doctor si podía recomendarle a alguien. La esposa del médico estaba escuchando y le dijo que si el chico trabajaba para ellos, sin salario y por veinte años, le enseñarían cómo ser un sennin.
Aunque el doctor no estaba de acuerdo, no se opuso, y ambos hicieron uso del chico, quien trabajó por exactamente veinte años sin recibir ninguna compensación. Cumplido el plazo les pidió que le enseñaran a ser sennin. La esposa le dijo que debía subir al pino más alto. Una vez arriba, le dijo que debía de soltarse de la mano derecha. Luego le dijo que se soltara de la izquierda. Al hacerlo, el chico no cayó al suelo: se quedó flotando en el aire. Les agradeció y se alejó volando.

Akutagawa publicó “Saru kani gassen” (“La batalla del mono y el cangrejo”) en la revista femenina Fujin kōron, en marzo de 1923. Es una parodia de un cuento popular: Un cangrejo se encontró un onigiri (bola de arroz), pero se lo cambió a un mono por semillas de caqui. Luego de plantarlas, el árbol creció y dio frutos; el mono lo trepó y comenzó a comerlos. El cangrejo le pidió que le bajara algunos, pero el mono le aventó frutos inmaduros y lo lastimó. El cangrejo dio a luz y murió. Sus descendientes se vengaron con la ayuda de un mortero, una abeja y un huevo; todos se escondieron en la casa del mono y lo mataron.
Akutagawa retomó la historia ahí. Todos los secuaces fueron sentenciados a trabajos forzados, pero al cangrejo (se trata nuevamente de uno) lo condenaron a muerte. La descripción del juicio es una crítica a la sociedad japonesa de entonces. Luego de la ejecución del cangrejo, la esposa se convirtió en prostituta, el hijo mayor en caníbal (comía cangrejos), el segundo hijo en escritor (y por tanto en diletante), mientras que el tercer hijo era un idiota: Un día encontró un onigiri y se lo dio a un mono a cambio de una semilla de caqui, de la que creció un árbol que daba frutos que no alcanzaba, por lo que le pidió al mono que le bajara algunos…

El último cuento infantil de Akutagawa apareció en agosto de 1923, en otra revista femenina, Josei kaizō. Se llama “Shiro” (“Blanco”); es un hermoso relato que retoma algunos de los tópicos anteriores, como la retribución y el castigo.
Un perro llamado Blanco vivía en Tokio, con una familia acomodada. Un día, paseando cerca de su casa vio cómo un inugoroshi (oficio que dependía de la policía de Tokio; se encargaban de matar perros callejeros) engañaba al perro vecino, Negro, con un trozo de pan. Quiso advertirle del peligro, pero en cuanto comenzó a ladrar, el inugoroshi lo miró con tanta furia que salió corriendo; aún no estaba lejos cuando escuchó los aullidos de auxilio de Negro, pero no paró hasta llegar a casa. En el jardín encontró al hijo y a la hija de la familia, quienes lo miraron con miedo y comenzaron echarlo: ahora era un perro negro desconocido y temían que tuviera rabia. Apenas pudo escapar de ser golpeado con un bate.
Deambulando por las calles escuchó ladridos de auxilio; se acercó temeroso de encontrar al inugoroshi, pero se encontró a tres niños que estrangulaban con una cuerda a un perrito color café. Los asustó ladrando mostrando amenazadoramente sus dientes. Luego acompañó al perrito hasta su casa. Después apareció en artículos periodísticos en diversas zonas, desde Tokio hasta Nagoya y los Alpes japoneses. Todos ellos contaban de un enorme perro negro que realizaba actos heroicos arriesgando su propia vida: rescató a un niño de ser arrollado por el tren y a otro de una casa en llamas, salvó a unos adolescentes perdidos en las montañas e incluso derrotó a un lobo que se había escapado del zoológico.
Pasado medio año volvió a su antiguo hogar, exhausto. Sabía que podían matarlo, pero quería ver nuevamente a sus antiguos dueños. Cuando la hija y el hijo de la casa lo vieron por la mañana durmiendo en el jardín, para sorpresa de Blanco, lo reconocieron y le dieron una gran bienvenida.

Para concluir quisiera compartir algunas de las traducciones al español de cuentos de Akutagawa, que contienen por lo menos uno de estos relatos:

* Akutagawa, Ryūnosuke, El biombo del infierno y otros cuentos, trad. e introd. de Kazuya Sakai, La Mandrágora, Buenos Aires, 1959.
* Akutagawa, Ryūnosuke, Rashōmon y otros cuentos, trad. de José Kozer, Miraguano, Madrid, 1987.
* Akutagawa, Ryūnosuke, El dragón y otros relatos, trad. de Montse Watkins, Gendaikakushitsu, Tokio, 1995.
* Akutagawa, Ryūnosuke, Sennin, Nostra ediciones, Ciudad de México, 2009.
* Akutagawa, Ryūnosuke, El mago: trece cuentos japoneses, trad. de Ryukichi Terao, Candaya, Barcelona, 2012.
* Akutagawa Ryūnosuke, El Dragón, Rashōmon y otros cuentos, trad. de Mariló Rodríguez del Alisal y Clara Mie Cánovas, Quaterni, 2012.

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Esta entrada fue publicada en octubre 22, 2015 por en Reseñas y etiquetada con .

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