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Hibana: chispas nada más

Matayoshi Naoki, Hibana (Chispas), Bungei shunjū, 2015.

Hibana (Netflix, 2016)

Hibana (Netflix, 2016)

En la ciudad costeña de Atami, una noche de verano locales y turistas se reúnen junto al mar para disfrutar de un espectáculo de fuegos artificiales. Contratados por la comisión organizadora, dos comediantes se suben a un escenario improvisado para entretener a los espectadores.

Así comienza Hibana (Chispas, 2015), la novela de Matayoshi Naoki que se llevó el Premio Akutagawa y encabezó la lista de ventas del año pasado. Pero los fuegos artificiales tapan con su fulgor y estruendo las voces de los jóvenes artistas. Nadie presta atención a sus agudezas.

La novela está narrada desde la perspectiva de uno de ellos. Su nombre es Tokunaga, y su sueño es alcanzar la fama como comediante de manzai, el arte de la comedia a dúo que surgió en Osaka y hoy es el género principal del humor en Japón. Tokunaga quiere hacer de su manzai un arte, pero le falta experiencia e instinto.

A medio camino entre la educación sentimental y la crítica social, Hibana es una novela que gira alrededor del encuentro de Tokunaga con un comediante más experimentado, Kamiya, que esa noche de calor en Atami lo adopta como discípulo. A lo largo del relato, y ya de vuelta en Tokyo, Tokunaga y Kamiya explorarán las calles nocturnas de una ciudad casi onírica, desde el bullicio de Shibuya hasta la quietud del parque Inokashira en Kichijōji. Noche tras noche compartirán cervezas y penas de artistas incomprendidos que ven triunfar a otros comediantes más jóvenes y menos inspirados.

Esa noche del encuentro inicial con Kamiya, Tokunaga se queda fascinado ante el esplendor de los fuegos artificiales (en japonés hanabi). Entre los arabescos y las figuras de colores que iluminan el cielo nocturno y el mar inmenso aparecen algunas chispas (en japonés hibana) que, innumerables, van siendo tragadas por el horizonte negro. La comedia que escribe Tokunaga, y que con su dúo presenta esa noche en Atami para nadie, es un poco como esas chispas: sólo lo escuchan los espectadores que están a pocos metros del escenario, y sólo por unos segundos mientras caminan hacia la playa.

Matayoshi Naoki, nacido en Osaka, es conocido por formar con Ayabe Yūji el dúo manzai Peace. Matayoshi llevaba años hablando de libros y lecturas en programas de TV, pero sólo recibió reconocimiento como autor al recibir el Premio Akutagawa por Hibana. Algo parecido le había ocurrido años antes a otro comediante manzai, Kitano Takeshi. Después de años de trabajo como comediante y panelista de TV durante los años setenta y ochenta, conquistó a la crítica y se hizo famoso como autor gracias a sus películas: Escena frente al mar (Ano natsu, ichiban shizuka na umi, 1991, premio de la crítica Burū Ribon), Sonatine (1993), y por sobre todo Flores de fuego (Hanabi, 1997), que se llevó el León de Oro en el Festival de Venecia. Kitano mismo declaró que hasta que recibió ese premio los críticos de cine veían sus películas como el simple pasatiempo de un comediante famoso.

Quizás Matayoshi escribió Hibana como respuesta a Flores de Fuego. Hibana es también el reverso de Hanabi: donde Kitano cuenta cómo dos gángsters maduros dejan el ruido de la violencia por la quietud de la pintura, en Hibana los jóvenes Tokunaga y Kamiya se esfuerzan por alzar sus voces en el ruido que genera la industria cultural y del espectáculo.

Quizás la gran ironía de esta historia es que la novela de Matayoshi hizo posible una de las mejores series de televisión de las últimas décadas. Hibana/Sparks, protagonizada por Hayashi Kentō (como Tokunaga) y Namioka Kazuki (como Kamiya), y que Netflix estrenó en junio de este año. Hibana es una novela corta, de unas 150 páginas en la edición de tapa dura de Bungei shunjū, y se centra en la relación entre maestro y discípulo. La serie, en cambio, es una adaptación de la novela en diez capítulos de una hora, que pone más atención en los personajes secundarios: Yamashita, compañero de manzai de Tokunaga; Maki, novia de Kamiya; el staff de la oficina que representa a Yamashita y Tokunaga; etc. A la vez, mientras que la novela está escrita para un lector que conoce de primera mano la geografía de Tokyo, la serie se toma su tiempo para mostrar y explicar los distintos recovecos que Tokunaga y Kamiya recorren durante sus exploraciones nocturnas. Con una fotografía cercana al lenguaje del cine y una musicalización estupenda, esta serie eleva el género televisivo, con frecuencia víctima de la urgencia comercial que denuncia Matayoshi, a lo más alto del cielo, en el que ya las chispas se confunden con los fuegos de artificio.

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Esta entrada fue publicada en julio 12, 2016 por en Reseñas y etiquetada con , , .

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