Kappa Bunko: Literatura japonesa

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Poesía y adivinación en la cultura japonesa

Tae Hirano (Universidad de Seikei)

Tae Hirano (Universidad de Seikei)

Todo aquel que visite santuarios sintoístas o templos budistas en Japón habrá visto omikuji, esas innumerables tiras de papel anudadas que anuncian la fortuna. ¿Qué dicen esos papeles? ¿Cuál es su historia? ¿Cómo deben ser interpretados? Tradicionalmente, estos textos eran considerados mensajes divinos y en muchos casos tomaban la forma de un poema, ya fuera en japonés (waka) o en chino (kanshi). El antiguo vínculo entre poesía y adivinación constituye así una clave para entender esta costumbre japonesa de larga data.

Entre lo sagrado y lo profano, los omikuji han mutado a lo largo de la historia. En este ensayo, la investigadora Tae Hirano (Universidad de Seikei) nos presenta los momentos clave de esa transformación, remontándose a los orígenes mismos de la poesía tradicional japonesa. En su recorrido, demuestra la cualidad proteica de los omikuji, que se convierten en verdaderos prismas para entender la cultura japonesa y sus modulaciones históricas.

Este ensayo, disponible exclusivamente para Kappa Bunko, surge de una presentación que hizo la profesora Hirano durante el primer Coloquio Internacional (La Plata, Argentina, 2014) de Japón Interculturas, el grupo de estudios japoneses en castellano.

 

La cultura japonesa del omikujii

Por Tae Hirano

Los omikuji son pequeñas tiras de papel que anuncian la fortuna, que pueden tomarse en templos budistas y santuarios sintoístas en Japón. Usualmente, son mensajes de los dioses sintoístas o de las deidades búdicas. Muchos japoneses el día de Año Nuevo visitan estos templos y santuarios para pedir felicidad, y toman un omikuji únicamente en esas ocasiones, para conocer su fortuna en el año que comienza. Otros, en cambio, sacan un omikuji cada vez que visitan esos espacios.

Cuando se toma un omikuji, ¿qué es lo primero que uno mira? La mayor parte de la gente observa la clasificación general de la fortuna (muy buena / daikichi ; buena / kichi ; mala / kyō) y los encabezados de varios aspectos de la vida como el académico (gakumon), los negocios (shōbai) o el matrimonio (endan). Sin embargo, originalmente los omikuji no incluían los ideogramas de “buena” o “mala” fortuna, sino que contenían poemas (en japonés, llamados waka, o en chino, llamados kanshi), que eran considerados mensajes de los dioses. Ésta era la parte más importante de cada omikuji, y allí nos centraremos en este ensayo.

Un omikuji de un templo budista

Un omikuji de un templo budista

Un omikuji de un santuario sintoísta

Un omikuji de un santuario sintoísta

Existen muchos tipos de omikuji en Japón, pero en términos generales pueden clasificarse en tres grandes tipos, según la forma que adquiere el mensaje de los dioses.

En primer lugar están los omikuji escritos como kanshi, es decir, poemas de cuatro versos con cinco caracteres cada uno. Hay cientos de tipos de estos poemas que se suponen mensajes de la deidad budista Kannon. Estos omikuji se basaban el Tenjiku Reisen, libro que compilaba los mensajes divinos del templo Tenjiku en Hangzhou (China), escritos en el período Song del Sur (1127–1279) e introducido en Japón durante el período Muromachi (1336-1573). Tradicionalmente se atribuía la autoría del Tenjiku Reisen a Ganzan (también llamado Ryōgen, 912-985), un famoso monje budista de la escuela Tendai que muchos consideraban una reencarnación de la deidad Kannon. Así fue que este corpus comenzó a ser llamado Ganzan mikuji, y gozó de gran popularidad en la era Edo (1600-1686), en particular gracias a la publicación de varios libros sobre la vida de Ganzan entre los años 1661 y 1673.

Omikuji en forma de poesía en chino (kanshi)

Omikuji en forma de poesía en chino (kanshi)

Al parecer, el omikuji de Ganzan se divulgó por obra de otro monje budista de la escuela Tendai, llamado Tenkai (1536-1643), quien fue consejero de los primeros tres shogunes del clan Tokugawa (Ieyasu, Hidetada, Iemitsu) y era devoto de Ganzan. Hasta el día de hoy, los mikuji de Ganzan sigue siendo usados en templos budistas como el Sensōji del tradicional barrio de Asakusa en Tokyo.

Omikuji en forma de poesía en chino (kanshi)

Omikuji en forma de poesía en chino (kanshi)

En segundo lugar están los omikuji escritos en forma de waka o poesía tradicional japonesa. Usualmente, estos son utilizados en templos sintoístas. Estos waka suelen ser famosos y en general están relacionados de alguna manera con el templo en cuestión. Otras veces también ocurre que se compone un poema nuevo específicamente para ser usado como omikuji. Por ejemplo, santuarios dedicados al espíritu del poeta Sugawara Michizane (845-903), tales como Dazaifu-Tenmangū o el Yushima-Tenmangū, usan un waka especial de esa deidad como omikuji. Un templo famoso de Kumano, el Nachi-Taisha, ofrece poemas redactados por visitantes célebres, como el emperador retirado Gotoba-in (1180-1239). Por su parte, el templo Meiji-jingu de Tokyo, dedicado a los espíritus del emperador Meiji y su emperatriz, utiliza un poema waka compuesto por estos soberanos. Este omikuji en particular no incluye la buena (kichi) o mala (kyō) fortuna, ni ningún otro encabezado: consiste únicamente en el poema.

Mikuji en forma de waka del santuario Meiji-jingu (Tokyo)

Omikuji en forma de waka del santuario Meiji-jingu (Tokyo)

Después de la Restauración Meiji, muchos santuarios sintoístas comenzaron a ofrecer omikuji en forma de waka. Esto fue posible gracias a Shirahata Yoshiatsu, quien redactó un libro con cincuenta poemas sintoístas con el permiso del gobierno Meiji en 1870. En el prefacio, el autor defiende el uso de omikuji en forma de waka en los santuarios sintoístas como estrategia para diferenciarse de los templos budistas, que utilizaban omikuji en forma de kanshi o poesía china, en particular los compuestos por el monje Ganzan.

En la actualidad, la empresa Joshidosha es famosa por producir distintos tipos de omikuji, incluso los tradicionales en forma de waka. Provee entre el 60% y el 70% de los omikuji utilizados en Japón. Entre los dieciocho tipos que producen cuentan, por ejemplo, algunos bilingües (inglés-japonés), otros de amor, otros para niños, etc.

Entre los omikuji que no cuadran en las categorías anteriores (kanshi o waka), hay algunos muy peculiares, como los del templo Kibune en Kyoto, cuyas letras sólo son visibles mientras el papel flota en el agua, o el del templo Kumanowakaōji, también en Kyoto, que indica la fortuna según el color de los fósforos que acompañan al omikuji. Como puede verse hasta aquí, este tipo de adivinación adquiere en Japón las más diversas formas.

Omijuki del templo Kumanowakaouji (el color de los fósforos indica la fortuna)

Omijuki del templo Kumanowakaouji (el color de los fósforos indica la fortuna)

La tradición japonesa indica que los primeros waka fueron compuestos por dioses. El prefacio al Kokinshū, la primera antología imperial de poemas waka, dice “En el principio, Susano-o compuso por primera vez poemas de treinta y una sílabas”. Este dios, hermano de la diosa Amaterasu, fue el primer poeta de waka. En el libro Toshiyori zuino, escrito por Minamoto no Toshiyori a comienzos del siglo XII, se incluyen varios waka cuya autoría es adjudicada a los dioses Susano-o, Sumiyoshi, Miwa e Ise.

En las antología imperiales de waka, estos poemas aparecen agrupados bajo el subtítulo “poesía divina” (jingi). Esta clasificación apareció por primera vez a finales del siglo XI, en la antología llamada Goshūishū (1086), en cuyo vigésimo volumen se incluye una breve sección de poemas jingi. Un siglo después, la antología Senzaishū (1188), dedica el vigésimo volumen por entero a la poesía divina. A partir de entonces, el subgénero jingi se convirtió en una sección estándar, presente en todas las antologías imperiales.

En el período Heian tardío (1086-1185) también se volvió común una forma de adivinación en la que un chamán recitaba un poema divino o jingi. Esto se denominaba utaura (uta es sinónimo de waka), y los waka allí utilizados eran o bien improvisados o bien se basaban viejos poemas tradicionales. A modo de ejemplo, se puede mencionar un pasaje de la crónica histórica Hōgen monogatari (siglo XIII), que cuenta la leyenda de un utaura en el que un chamán de Kumano predijo la muerte del emperador Toba (1103-1156). El waka en cuestión fue compuesto por el famoso poeta Ki no Tsurayuki (866-945) y aparece en la antología imperial Shūishū (1006):

 

te ni musubu                entre mis manos

mizu ni yadoreru          un puñado de agua

tsukikage wa                refleja la luz de la luna

aru ka naki ka no         ¿es de verdad? ¿es mera ilusión?

yo ni wa arikeri            así es este mundo

 

Por otra parte, la obra de teatro Noh Utaura también nos provee de un buen ejemplo de este tipo de adivinación. Fue escrita en el período Muromachi por Kanze Motomasa (1394-1432), hijo del célebre autor Zeami Motokiyo (1363-1443). Allí se cuenta la vida de un chamán llamado Watarai Ietsugu, de la provincia de Ise, que realizaba utaura en diversas provincias. Llevaba a cabo la adivinación a través de waka escritos en tiras de papel atadas a un pequeño arco. La persona que deseaba conocer su fortuna debía elegir una de las tiras, que luego era leída e interpretada por el chamán.

Página ilustrada de la obra de teatro Noh "Utaura"

Página ilustrada de la obra de teatro Noh “Utaura”

Existe otro tipo de adivinación japonesa, denominada ekigaku (geomancia o feng-shui), que se basa en el I Ching y se halla estrechamente vinculada con el fenómeno de los omikuji que venimos estudiando. La figura de Ganzan evidencia la relación entre ambos tipos de adivinación, dado que él no sólo desarrolló nuevas formas de mikuji sino que también indagó en el ekigaku.

Este tipo de predicción funcionaba a partir de la elección de un determinado waka entre un conjunto de sesenta y cuatro, a partir de la combinación azarosa de tres números. Una colección de waka usada para esto lleva el título de Tenmangu utaura y fue publicada hacia 1754. Su prefacio cuenta que el poeta Kenshō (1130-1210), perteneciente a la familia de poetas profesionales Rokujō (rokujōke), deseaba iniciarse en los estudios adivinatorios del I Ching, para lo cual comenzó una peregrinación al templo Dazaifu-tenmangu. Una vez allí, recibió durante un sueño la visita de la deidad Sugawara no Michizane, quien le entregó esa colección de poemas.

La adivinación ekigaku funciona del siguiente modo: primero, el practicante mira hacia determinada dirección (en primavera, el este; en verano, el sur; en otoño, el oeste; en invierno, el norte) y cierra los ojos; luego, debe entonar tres veces el sutra de Sugawara no Michizane (Tenjin-kyō), treinta y tres veces el nombre completo de la divinidad budista Kannon (“Daiji daihi kanzeonbosatsu”) y tres veces el siguiente poema waka:

 

chihayaburo                imponentes

kami no kodomo no     los hijos de los dioses

atsumarite                    se reúnen

tsukurishi ura wa          y su adivinación

masashikarikeri            es certera

 

A continuación, obtiene una combinación de tres números por azar. Estos números indican al practicante una página determinada de la colección de waka, en donde figuran: una clasificación general de la fortuna (en el ejemplo: daikichi, muy buena); un número (en el ejemplo: 111); una imagen; y un waka. El texto de esta página dice así:

 

Como un padre que se reencuentra con un hijo del que se había separado:

(wakaretaru ko ni tazuneau oya no gotoshi)

 

yaminaranu                 Aunque no estaba oscuro

michi ni mayou mo       me perdí por el camino,

ima wa haya                pero ahora, ¡ahora!

ko ni au saka no          me reencuentro con mi hijo

seki no akebono           en el paso de montaña de Ōsaka al amanecer.

Página correspondiente a 111 - Muy buena fortuna, con poema waka.

Página correspondiente a 111 – Muy buena fortuna, con poema waka.

El texto también incluye otros comentarios sobre deseos u otros aspectos de la vida, y una interpretación del waka. En este libro en particular, el Tenmangū utaura, la influencia de los mikuji de Ganzan es evidente. Al mismo tiempo, cuando fue publicado (en el período Edo), la adivinación gozaba de gran popularidad y se hallaba especialmente vinculada con los trigramas y hexagramas del I Ching.

Como hemos visto, durante el período Edo, el Tenmangū utaura se basaba tanto en el sintoísmo como en el budismo, había una mirada sincrética y se requería la creencia tanto en Tenjin (deidad sintoísta) como en Kannon (dedidad búdica). En cambio, en el período Meiji entró en vigencia la separación oficial de ambos cultos, por lo que muchos templos sintoístas necesitaron forjar nuevos mikuji que no estuvieran basados en la tradición del monje budista Ganzan.

Por otra parte, hacia el final de Meiji, la empresa Joshidōsha comenzó a crear nuevos mikuji en forma de waka, con el fin de conseguir fondos para la publicación de Joshidō, una revista a favor de la autonomía política y económica de las mujeres. Tal fue el vínculo que existió entre los waka mikuji y la educación femenina durante la modernización del Japón.

También es notable el hecho de que todos los waka mikuji usados hoy en día fueron compuestos entre fines de los períodos Edo y Meiji.

Los omikuji no son sólo mensajes de los dioses, sino también reflejos de los deseos de una sociedad. O, en otras palabras, pueden pensarse dos caras del omikuji: una sagrada, vinculada con deidades sintoístas y budistas; una secular, relacionada únicamente con los humanos. A través del análisis de estos textos que forman parte a la vez del reino de lo sagrado y de lo secular, es posible pensar importantes asuntos de la cultura japonesa, como los siguientes:

(1) La relación entre la escritura en japonés (wabun) y la escritura en chino (kanbun). La primera se plasma en la poesía waka, mientras la segunda está representada en los poemas kanshi. De manera significativa, como hemos visto, las deidades budistas le hablaban a los fieles en forma de kanshi, mientras que los dioses japoneses del sintoísmo lo hacían a través de waka.

(2) Un estudio de los omikuji revela mucho sobre el proceso de modernización de Japón durante el período Meiji. Ya se señaló, sobre este punto, la ordenanza oficial que distinguía el budismo del sintoísmo, que provocó la conformación de nuevos omikuji y el descarte de otros.

(3) Estos mensajes divinos permiten reconstruir los cambios en las creencias y los modos de pensar a lo largo de la historia. Por ejemplo, los kanshi del maestro Ganzan han cambiado muy poco desde su Tenjiku reisen, pero sí se han modificado las diversas interpretaciones que de ellos se hacen. Como indica el investigador Ono Izuru, el estudio de los omikuji permite comprender las esperanzas y las opiniones de la sociedad japonesa en un determinado momento de la historia.

(4) A través del estudio de los omikuji se revela también la pluralidad de significados y funciones que puede revestir el waka. Es decir, el waka podía ser en sí mismo el “mensaje divino” del omikuji; o el conjuro a recitar durante la ceremonia utaura; o como ocurría en los mikuji acuñados por el maestro Ganzan, constituir la interpretación, traducción o sumario de los poemas kanshi del I Ching.

En los últimos años, los omikuji vienen mutando lentamente. Ha crecido el número de aquellos que se imprimen sin waka ni kanshi, es decir, sin mensaje divino. Hoy en día hay cada vez menos personas capaces de leer los antiguos poemas, ya sean japoneses o chinos, por lo que se suelen omitir. Esto también es un gran indicador para pensar la sociedad contemporánea y sus vínculos con las costumbres tradicionales.

Así, resulta evidente que los omikuji constituyen un ángulo muy efectivo desde el cual estudiar la cultura japonesa, de ayer y de hoy.

 

Traducción, adaptación e introducción: Paula Hoyos Hattori

Edición: Ariel Stilerman

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Esta entrada fue publicada en marzo 28, 2017 por en Ensayos y etiquetada con .

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