Kappa Bunko: Literatura japonesa

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La poesía de los Cuentos de Ise

Cuentos de Ise, Trotta, 2010.
(Ise monogatari, siglo X)
Traducción de Jordi Mas López
198 páginas.

Cuentos de Ise, Trotta, 2010.

Cuentos de Ise, Trotta, 2010.

No es frecuente que un clásico de la literatura universal se pueda leer en un solo día de lluvia o una larga noche de insomnio. De las tres obras cumbres de la literatura japonesa antigua, el relato La historia de Genji (Genji monogatari, 1008) consta de cincuenta y cuatro capítulos, mientras que la Colección de poemas de ayer y hoy (Kokinwakashū, 905) reúne más de mil poemas. El tercero, Cuentos de Ise, tan famoso como los otros dos, sin embargo consiste en poco más de una centena de episodios muy breves. La mayoría de los episodios incluye un poema y una breve explicación sobre sus circunstancias; otros enlazan varios poemas en una anécdota fugaz. La serie de viñetas compone un mosaico de situaciones que pintan las andanzas amorosas de un hombre de la corte imperial. Lo vemos seducir y sufrir, triunfar y fracasar, recorriendo tanto la capital, Heian, como las provincias del este a las que se ve exiliado cuando uno de sus amores ilícitos sale a la luz.

Cuentos de Ise se distingue también porque en castellano contamos con una versión completa y traducida del japonés antiguo por el experto catalán Jordi Mas López para la colección “Pliegos de Oriente” de la editorial Trotta (2010). Aquí ofrecemos el episodio n. 4 de los Cuentos de Ise, en la versión de Jordi Mas López:

Una vez, cuando la Emperatriz Viuda residía en la Quinta Avenida del Este, una dama se instaló en el ala oeste de su mansión. Aun sin quererlo, cierto hombre se enamoró perdidamente de ella y consiguió verla algunas veces. No obstante, la dama desapareció de repente hacia el día diez del primer mes, y a pesar de que él consiguió averiguar dónde se encontraba, no se trataba de un lugar al que la gente común pudiera acceder libremente. El hombre vivía inmerso en oscuros pensamientos. El primer mes del siguiente año, cuando los ciruelos se encontraban en plena floración, el dolor que le causaba el recuerdo lo llevó hasta las estancias donde ella había residido el año anterior. Contempló las flores desde todos los puntos de vista imaginables, sentado y de pie, pero al final tuvo que admitir que era imposible hacer revivir el pasado. Entonces se estiró llorando en la veranda vacía y se quedó allí hasta la puesta de la luna. Recordando el año anterior, compuso este poema:

¿No es esta luna,
no es esta primavera,
la de esos días?
¿Solamente mi cuerpo
es el mismo que antaño?

Cuando se marchó, al alba, todavía estaba llorando.

Este poema aparece también en Kokinwakashū, donde se lo atribuye a Ariwara no Narihira (autor del poema n. 17 de Hyakunin isshu). Durante siglos los Cuentos de Ise fueron leídos como la biografía sentimental de Narihira, a pesar de que la obra hace sólo unas pocas referencias a este personaje, prefiriendo comenzar cada episodio con un “Hace tiempo había un hombre…” o “Un hombre de antaño…” (mukashi otoko arikeri).

El estudioso de la literatura japonesa encontrará en la edición de Jordi Mas López una introducción crítica detallada en la que se explica el lugar de la obra dentro del canon literario antiguo y medieval, al igual que el trasfondo cultural necesario para entender estos episodios tan concisos y compactos. El traductor ha minimizado el número de notas al pie y ha incoporado al texto de su traducción pequeñas explicaciones que hacen la lectura más llevadera.

Esta edición de Cuentos de Ise en español es ideal para el lector interesado en una primera aproximación a la cultura y literatura del Japón. Para su traducción Mas Jordi se ha basado en la edición de la editorial Shôgakkan de 1991, que por ser la más completa y actualizada es la que se utiliza en las universidades japonesas. Al lector experto, al poeta que busca inspiración en tierras ajenas, o al estudiante de literatura japonesa, le faltará algo fundamental: los poemas en su versión original, que en muchas otras ediciones aparecen junto a su traducción, transliterados en letras romanas. La música, el ritmo, los juegos de lenguaje se pierden, pero se recuperan en las interesantes explicaciones sobre la poética del waka (o tanka) que ofrece el traductor en su introducción.

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Esta entrada fue publicada en octubre 23, 2014 por en Reseñas y etiquetada con , .

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