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Diez cosas que me enseñó traducir el Minase

Poema a tres voces de Minase. Renga (Sexto Piso, 2016)

Poema a tres voces de Minase. Renga (Sexto Piso, 2016)

Traducir poesía tiene mil y un vericuetos, idas y vueltas, versos que se sugieren pero se descartan, ideas e intuiciones que quedan mochas. Ya está en la calle la edición en castellano del poema colectivo Minase (Editorial Sexto Piso España), y acá les dejo diez reflexiones que me quedaron del proceso de traducción, edición, y publicación.

 


 

1. No existe nada intraducible. Ocurre a menudo que no hay una palabra única para traducir una imagen, expresión o concepto, pero siempre se puede parafrasear. Lo difícil es hacer que la paráfrasis o glosa de un termino poético sea a su vez poesía.

 


 

2. Las notas al pie molestan. Uno, que está leyendo ensimismado, transportado al mundo del poema, se siente como si un señor con mal aliento le tocara el hombro, diciendo “¡Discúlpeme! ¿Lo interrumpo? Pero es que usted se está perdiendo lo mejor, déjeme que le explique, es que yo de esto sé mucho, le agradará escucharme, usted verá, yo soy un gran experto en poesía japonesa…” No, gracias, dirá el lector con fastidio. Por eso el Minase no tiene ni una nota al pie.

 


 

3. Los ensayos a modo de introducción distraen. Es mejor dejar las explicaciones para el posfacio, que es algo que sugirió mi editor, Ernesto Fuentes. Las estrofas del Minase que pueden resultar oscuras a primera vista (y que merecerían una nota al pie) las incluí en el posfacio, citándolas como ilustración de las diferentes dimensiones del renga.


 

4. El secreto de la lectura es la relectura. Poner las explicaciones en el postfacio sirve de invitación a la relectura. Es algo que dijo uno de los primeros lectores, Mariano Hortal, que escribió que el postfacio “alienta la relectura del poema completo, de nuevo, sin prisas, con la atención puesta en los indudables enlaces que nos vamos a encontrar. Es imprescindible que el lector se obligue a leer lento; me obligo yo mismo a degustar cada palabra; esta nueva relectura me trae nuevos momentos de sublimidad que se suman a los que ya había sentido; la brillantez con que se une una estrofa a la siguiente es ahora discernible.”

 


 

5. El orden de los factores altera el producto final. Los versos de una estrofa se suceden en un cierto orden, que revela al lector lo justo y necesario para producir la sorpresa final. La cuestión es traducir esa secuencia de descubrimientos al castellano, con la mayor fidelidad posible, tarea que se dificulta porque en japonés las oraciones tienen otro orden: el verbo va al final, los adjetivos antes que los sustantivos, el sujeto casi no se especifica.

 


 

6. Traducir es una forma de pensar y sentir diferente. Alguien me dijo alguna vez que escribir es una forma de pensar y reflexionar distinta del mero hablar. De forma análoga, también traducir me parece una forma de pensar diferente, en la que la materia prima son las palabras de otro, en este caso tres poetas japoneses.

 


 

7. Es más difícil entender la complejidad del original que encontrar las palabras en castellano para expresarla. No sé si otros traductores estarán de acuerdo con esto. Quizás es que el idioma del Minase es particularmente difícil. Pero no creo que entender un poema de Goethe o de Dante sea tan fácil tampoco.

 


 

8. En el renga, más difícil que traducir un verso es traducir la realción entre dos versos. Un poema renga tiene cien estrofas compuestas por varios poetas diferentes y el resultado es un diálogo poético, dialéctico, un contrapunto en el que la estrofa aislada ya no significa nada.

 


 

9. El tiempo se hace, no se tiene. Pocas horas luego de comprometerme con Ernesto Fuentes a traducir el Minase, me enteré de que tendría que terminar mi disertación doctoral en sólo tres meses. Hasta entonces yo contaba con al menos seis meses, pero me ofrecían un trabajo de profesor con la condición de que terminara en tres meses. Ahora parece una locura, pero creo que la urgencia me ayudó a terminar también el Minase.

 


 

10. La traducción de un poema tiene que ser también un poema. Parece obvio pero me llevó un tiempo entender que más que precisión o erudición el lector de poesía, aún en traducción, busca misterio y belleza. Los poetas del medioevo japonés le decían yûgen a eso que sólo la poesía puede crear. Por eso es mucho más fácil traducir prosa narrativa. La traducción de poesía es más pirueta que glosa.

 


 

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Esta entrada fue publicada en febrero 18, 2016 por en Ensayos y etiquetada con , .

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